La real importancia de la Medicina del Trabajo

La aceptación individual y colectiva del trabajo como hecho y realidad necesaria para el normal desarrollo humano ha evolucionado y evoluciona íntimamente unido a los cambios sociales y económicos de cada época histórica.

Aceptar que todo trabajo, desde el más intelectual al más manual en sus diferentes variantes y posibilidades, cuando sirven para el desarrollo humano son igual de necesarios,  ha significado en nuestros tiempos un paso importante en la evolución y en el concepto de las relaciones sociales y laborales.

En el ambiente médico, la medicina del trabajo ha experimentado un cambio en cuanto a su valoración. Actualmente está obteniendo mayor reconocimiento, difusión y estima como rama práctica del conocimiento médico para proteger la salud en el terreno laboral; percepción que se ha forjado gracias a la labor de quienes creyeron y creen en ella, tanto empresarios como trabajadores.

Su razón de ser la expresó en el sigloXVII Bernardino Ramazzini, profesor de Medicina Práctica en Módena y Padua: “la medicina, al igual que la jurisprudencia, debería hacer una contribución a mejorar la vida de los trabajadores y procurar que, dentro de lo posible, ejerzan sus trabajos sin riesgos”.

El Médico del trabajo
En sus dos campos, diagnóstico y terapéutico, de las que nunca se podrá ni deberá desligar, forjadas en el  aprendizaje en la facultad y también demandadas por nuestros trabajadores; y en la vertiente preventiva, quiza la mas importante de la que no nos podemos apartar ya que el exito de nuestra gestion  es prevenir y evitar la enfermedad en una población, en principio, sana.

Hay que asumir para ello que el riesgo profesional incluye un conjunto de fenómenos que pueden afectar a la salud de los trabajadores y que, por tanto, conocerlos y estar informado de los mismos es parte de la práctica médica; debemos descubrir las causas que provocan la enfermedad y conocer cómo prevenir las mismas.

Otra cuestión radica en cómo conseguir una prevención individualizada y colectiva de riesgos y enfermedades a través del examen médico, cuando lo que hacemos es valorar al individuo (con el fin de disminuir la morbilidad profesional) mediante un reconocimiento que, en principio, es únicamente un pronóstico que el tiempo confirmará y en el que, posiblemente, tendremos que adelantar conclusiones para el trabajador y para el colectivo.

Para el trabajador, desde el conocimiento del estado actual, tendremos que:
– Valorar su capacidad para la tarea propuesta.
– Valorar su capacidad de polivalencia para el trabajo.
– Prever si hay predisposición para desarrollar enfermedades derivadas del mismo.

Sin duda alguna, el organismo humano es un indicador muy fiable para prevenir y controlar exposiciones laborales.

Para la el Universo de una empresa:
– Valorar el ambiente socio laboral de la empresa y facilitar una aproximación psicológica personal del trabajador al médico, no sólo en caso de demanda por enfermedad, sino para establecer indicaciones profesionales en prevención
– Conseguir la meta de un trabajo en condiciones lo más optimas posibles conlleva valorar aspectos físicos y psicológicos para los cuales debemos estar capacitados En nuestro caso, el factor humano está unido a los factores sociales, ambientales, tecnológicos y económicos.

Debo añadir que en las reflexiones sobre estos temas tiene igual cabida y consideración la Enfermería del Trabajo. No se puede entender la unidad básica de salud sin su concurso y colaboración, constituyendo éste, para nosotros, el equipo que primero debe funcionar para lograr hacer bien las cosas.

Trabajador – Médico del trabajo
La premisa de esta relación es que el flujo de aproximación y demanda es bidireccional, basado en la confianza mutua. El trabajador acude al médico, pero el médico tiene que ir, a su vez, al trabajador.

Además de confianza, en esta relación tiene que haber claridad. ¿Hay patología real o es percibida? Sea laboral o extralaboral, en ambos casos podemos ayudar, si bien de diferentes formas.

En ocasiones, cuando se demandan controles y seguimientos vinculados a puestos y tareas, cuesta aceptar la objetividad del acto médico; y más cuando dicha objetividad no se adapta a lo esperado subjetivamente por quienes lo demandan.

Cabe reseñar que el entorno extralaboral y familiar cuenta mucho en esta relación; por ello, es preciso conocer los detalles necesarios que nos ayuden a entender muchos comportamientos.

Médico del trabajo – Empresa
Siendo un miembro más del equipo de prevención, el médico colabora en la orientación de la empresa en cuanto a la distribución del personal según sus condiciones psicofisiológicas para el desarrollo de las tareas.

Es garante e interlocutor cualificado en la conservación y mejora de la salud, siendo siempre sus opiniones valoradas y respetadas. Además, su presencia es indicativo de que al empresario le preocupa realmente la salud de sus trabajadores.

La crítica a este binomio es y ha sido la parcialidad o imparcialidad del médico; crítica basada en la dependencia económica del mismo respecto a la empresa, como un trabajador más. A este respecto, me gustaría aportar las siguientes reflexiones:
– Es un trabajador más dentro de su cualificación, ¿quiere decir esto que al resto le sucede lo mismo?
– La no-prevención de la salud y su falta de objetividad llevan aparejados, para la empresa, inconvenientes no deseados cuando se quieren hacer las cosas bien.
– La bioética profesional médico-humanista busca las causas de enfermar para evitarlas y esta es la razón del contrato.
– En la empresa existe el comité de Salud laboral, órgano paritario y colegiado de participación destinado para consulta y regulación de la actividad preventiva
– La independencia moral y técnica del médico debe ser respetada tanto por la empresa como por los trabajadores. Si no es así, falla uno de los cuatro pilares de la prevención.

Representantes sindicales y Servicio Médico
En este caso, la relación de respeto y diálogo tiene que ser mutua. Entre el médico y los representantes sindicales, está la persona trabajadora. Si hay desencuentros, personalismos o finalidades extra sanitarias -por cualquiera de las dos partes-, se resiente la prevención y el perjudicado puede ser el objeto de la misma, a saber, el trabajador.

El médico tiene que aceptar que los representantes sindicales del Comité de Seguridad y Salud han sido elegidos y están cercanos a las inquietudes y dudas del trabajador, siendo unos interlocutores muy válidos tanto para hacernos llegar las mismas como para hacer más entendibles y concretos nuestros mensajes.

En definitiva, de una buena relación basada en el respeto mutuo se beneficia el médico, la empresa y los trabajadores.

Médico del Trabajo – Departamento de Prevención
Ante cualquier lesión, enfermedad o accidente, el médico realiza el diagnóstico y tratamiento, pero en medicina laboral es necesario analizar y conocer las causas para valorar si realmente las condiciones de trabajo pueden llegar a producir la patología de referencia. El equipo de prevención debe valorarlas en su conjunto, elaborando, después, unas conclusiones lo más acertadas y prácticas posibles.

Es importante señalar que en un ambiente en el que el médico no está arropado por otros compañeros de profesión con los que pueda intercambiar experiencias, desarrollar su tarea con personas que persiguen idénticos objetivos puede ayudar a obviar esta carencia.

Médico – Producción
Hay un aforismo que dice “de lo que producimos y sale por la puerta obtenemos nuestro sueldo.” Ciertamente es así y no es menos cierto que cuando en una empresa existen dificultades en la producción, dicho problema puede llegar a cambiar el concepto de percepción de la enfermedad.

Conocer las condiciones de trabajo, los horarios, los turnos… son requisitos necesarios puesto que todos los factores relacionados con la tarea pueden causar enfermedades y formar parte del conjunto que afecta a la salud de los trabajadores.

Estas condiciones de trabajo para las personas -en la producción, montaje, productos terminados u otras, en el caso de tareas asistenciales o de funcionariado – son el terreno primario de la patología laboral, tanto por el disconfort que se puede generar en ellas como por ser el lugar hacia donde va dirigida y materializada la promoción de la salud y desde donde va a ser valorada.

Por el contacto tan directo que tienen con los operarios, los mandos intermedios poseen un papel clave de aproximar realidades para proponer y encuadrar adaptaciones de puestos, recoger datos… En ocasiones, una charla detallada sobre los aspectos productivos nos puede ayudar a aclarar dudas sobre los diversos temas que nos ocupan.

Trabajador – Médico – Empresa
Anteriormente, al citar en la introducción el concepto de lo que debería ser la Medicina del Trabajo, Bernardino Ramazzini introduce el concepto de la jurisprudencia: “La Medicina, al igual que la jurisprudencia, debería hacer una contribución a mejorar la vida de los trabajadores”. En la vida empresarial son fundamentales las relaciones laborales desde el punto de vista legal.

El médico, desde la visión integral del ser humano, puede ayudar a hacer comprender y armonizar las divergencias entre la vida en el tiempo de trabajo y la vida extralaboral; también puede ayudar en los cambios, apoyar la individualidad personal frente al sentimiento de número y elemento productivo que a todos nos da en ocasiones, cuando la tarea no nos aporta nada nuevo o cuando el ambiente psicosomático pueda percibirse como inadecuado.

En muchos problemas, inadaptaciones y en casos de insatisfacción laboral o reprimendas no se valora tanto el disgusto objetivo que puede producir, aceptado si es real, sino que se valora muchísimo más la cualidad de saber decirlo y escuchar el planteamiento que se invoque.

En estos casos, como en otros, y desde la relación de confianza médico – paciente, y si éste nos lo pide, podemos tender puentes de interlocución entre trabajador – empresa. Dentro de la complejidad legal en la que nos movemos, trabajar cuando es necesario con los departamentos de Recursos Humanos puede servir para facilitar la adaptación del hombre trabajador a su medio que, en definitiva, es un objetivo a cumplir.

Médico del Trabajo y  Ministerio de Salud Publica
La carencia absoluta de cauces de comunicación e intercambio de la práctica médica entra los médicos del trabajo y los médicos del Ministerio – tanto en atención primaria como en la especializada -, (por entender todavía nuestra especialidad como restringida y limitada al perímetro empresarial), hace que se desaproveche un potencial terapéutico, diagnostico y de seguimiento importante

Los reconocimientos periódicos son un programa continuado de vigilancia del estado de salud del individuo en los que, además de obtener conclusiones sobre su capacidad laboral, se extraen todo tipo de datos sobre su estado de salud actual.

Análisis específicos y generales, electrocardiogramas, espirometrías, audiometrías, exploración de visión… datos que, en ocasiones, ponen de manifiesto el inicio de patologías no relacionadas con el trabajo y que requieren atención de carácter urgente y preferente. En nuestras historias médico-laborales tenemos datos del trabajador que pueden servir de ayuda para centrar diagnósticos o buscar posibles causas etiológicas de enfermedad.

Por ser médicos y estar presentes diariamente en el centro de trabajo, somos la primera línea de atención primaria para nuestros trabajadores. Creo que desde estas premisas y sabiendo cada uno cual es su lugar, una coordinación elaborada desde los gestores sanitarios redundaría en beneficios personales para el paciente – trabajador; siendo, además, para el médico tanto de atención primaria como especializada un cauce para plantearnos indicaciones sobre capacidades que él aprecia o comentarios de interés para evitar dispersiones terapéuticas.

Hoy todo depende, sin más, del interés personal de cada uno. Y salvo que consideremos que hay diagnósticos que carecen de interés, estos planteamientos tan descoordinados parecen absurdos.

Médico del trabajo ¿dónde?
Conocer el mundo del trabajo – puestos y tareas, su diversidad, sus relaciones humanas, la fisiología laboral, las aptitudes y riesgos – sólo puede hacerse desde el lugar en el que se está trabajando. No basta con unas horas sueltas a la semana o en una rueda de reconocimiento rápido de vigilancia de la salud.

Una buena medicina del trabajo es la realizada día a día y en una relación de conocimiento y confianza en el lugar de trabajo, sólo desde ahí, como decían los primeros médicos de esta especialidad, “se podrá conservar la vida para el trabajo; y hacer el trabajo inofensivo para la vida.”

Todo lo demás son meras especulaciones, y si no puede ser así por número de trabajadores u otras causas, que hagan lo posible para conseguirlo quienes tanto a nivel nacional como autonómico tienen las competencias.

Asimismo, deberían trabajar más para unificar y coordinar criterios, fomentar el desarrollo formativo y la investigación en la empresa por parte de los propios médicos del trabajo, manteniendo un foro que evite el aislamiento secular de cada médico en su centro de trabajo.

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